Es aprender a estar donde estás, observando lo que piensas y sientes sin pelearte con eso. La atención plena, también llamada mindfulness, propone notar una sensación, una emoción o la actividad que estás realizando. Distraerte forma parte de la experiencia; puedes reconocerlo y volver a prestar atención.
Las prácticas se adaptan a tu situación. No necesitas cerrar los ojos ni continuar un ejercicio que te resulte abrumador. En consulta puedes contar cómo lo vives para decidir si esta herramienta te ayuda y de qué manera incorporarla.
Tu experiencia orienta el proceso.
Las herramientas y los objetivos se acuerdan contigo. Puedes preguntar para qué sirve una práctica, contar cómo la estás viviendo y conversar sobre los ajustes que necesitas.
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