Es explicarte con palabras claras qué está pasando y explorar por qué. A veces llegas pensando que sentirte así significa ser débil. Comprender tu experiencia puede abrir una conversación distinta: qué te ocurre, qué necesitas y cuáles son las opciones. La explicación deja espacio para tus preguntas y para las particularidades de tu historia.
Podemos hablar de cómo se relacionan las emociones, los hábitos y el contexto; de para qué sirve una herramienta; y de cómo valorar si el proceso está respondiendo a tus necesidades. No tienes que aprender un vocabulario técnico para participar en tus decisiones.
Tu experiencia orienta el proceso.
Las herramientas y los objetivos se acuerdan contigo. Puedes preguntar para qué sirve una práctica, contar cómo la estás viviendo y conversar sobre los ajustes que necesitas.
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